Como para la noche antes del examen

Todos los que hemos pasado por un salón de clases nos hemos encontrado en algún  momento hartos de tanto estudiar que nos preguntamos si es mejor dejar de repasar las lecciones y dejarle todo el paquete al destino.

A pesar de que no conozco a alguien que el truco de dormir con un libro abierto en la cabeza, parece que la opción de dejar de estudiar para dar paso al sueño no estaría tan equivocada.

Un estudio de la Universidad alemana de Lübeck demuestra que si el cerebro descansa después de estudiar por algunas horas, es más probable que almacene los conocimientos para recordarlos a largo plazo.

Es decir, que nuestras horas frente a los apuntes valdrán más la pena y no sólo serán aprendizaje “de machetito” que después del examen no sepamos para qué nos sirve.

Los investigadores aplicaron pruebas a 191 personas, que debían memorizar palabras y posición de algunos objetos. Luego la mitad del grupo fue a dormir, mientras los otros no lo hicieron. Sólo a algunos les enteraron que después se les haría una prueba sobre lo aprendido.

 

“Los resultados de aquellos que durmieron y fueron advertidos de que serían sometidos a un test fueron mejores que los que aquellos que habían dormido pero no sabían que harían una prueba”, detalla una nota de la agencia Efe.

 

Tras analizar los resultados, los experimentos concluyeron que el cerebro procesa enormes cantidades de información, pero sólo una pequeña parte se almacena por más tiempo y para esto se requiere una fase de descanso y saber de antemano que eso que aprendimos tendrá alguna utilidad en el futuro.

En el caso de los estudiantes, la utilidad es clara: pasar la materia. Así que si llegas a este blog en medio de “un ratito de distracción” mientras estudias para un examen, mejor decídete a darle una última repasada al acordeón y ve a dormir.

CLIC AQUÍ para ver un resumen (en inglés) de los estudios de la Universidad de Lübeck.

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Bellos durmientes

Mientras más dormimos, mejor imagen proyectamos en nuestros rostros, esa es la conclusión básica de una investigación presentada por el departamento de neurociencias del Instituto de Karolinska en Estocolmo, Suecia.

Tal parece que el cuento de La Bella Durmiente de Charles Perrault no es tan fantástico como parece y puede tener más relevancia para la vida real de la que creemos.

Los investigadores estudiaron las reacciones de 23 personas que fueron fotografiadas después de dormir un lapso considerado “normal” de tiempo (8 horas) y después de 31 horas sin dormir.

Después un equipo de observadores entrenadores calificarían las imágenes de los participantes en una escala visual para detectar diferencias entre las dos tomas fotográficas de cada persona.

Entre los hallazgos destaca que en general las personas privadas de sueño parecen menos saludables, menos atractivas, y más cansadas en comparación con la imagen que proyectan cuando están bien descansadas.

En la primer foto (izquierda) el sujeto es captado después de una jornada normal de sueño (8 horas); en la segunda (derecha) aparece el mismo joven luego de una mala noche.

Tal vez para algunos dormilones este no sea ningún secreto, puesto que a todos nos pasa que si nos ataca el insomnio al día siguiente, más que fijarnos en nuestros rasgos faciales, el ánimo no es el mismo que aquellos fines de semana en los que no nos despegamos de la cama.

Ahora que lo pienso, yo debería dejar de escribir este blog y tirarme a dormir para esperar regocijarme con mi reflejo al amanecer.

Mientras tanto pueden leer los resultados en inglés de esta investigación AQUÍ.

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